Esta es una historia real contada como no ocurrió, una historia fantástica como no debió ocurrir, una historia normal y corriente, con elfos, magos, un sabio maestro, un malo terrible e incluso algún monstruo, si hay suerte. O, al menos, así sería si no se dieran dos graves inconvenientes: la historia, aunque tiene todos los ingredientes necesarios, se desarrolla en el lugar y el tiempo equivocados; y Sahpecu, que se ve obligado a ser un héroe, se niega –educadamente– a seguir el guión y protagonizar una de esas aventuras que está harto de leer. Es la triste narración de las peripecias y desventuras de un joven que, en una terrible tierra de conspiraciones, guerras y peligros, lucha desesperadamente por no salvar al mundo.
Porque Sahpecu no es un héroe, en absoluto. Si alguien le preguntase, diría que su principal virtud es la capacidad de estirar una metáfora hasta que pierda todo su sentido. Pero nadie se lo preguntaría. Jamás. De modo que suele contárselo a personas elegidas al azar entre aquellas que no corren lo suficiente.
Es un relato sobre la existencia, sobre
Es una historia con un héroe todo menos heroico, un malo quizás no tanto, un maestro con muchas posibilidades de estar totalmente loco, y un guerrero con pocas posibilidades de no estarlo. Es una historia sobre las catástrofes que provoca el exceso de literatura, cuando uno va a luchar contra molinos y se encuentra con que alguien los ha convertido en gigantes.
De alguna manera, todos los personajes y escenarios que aquí aparecen son reales, y su parecido con la ficción es pura coincidencia.
Esa es la historia que recoge El Pentágono y el Pentagrama, la serie de novelas que narra los pesares y desventuras del pobre Sahpecu. Pero esto es mucho más. Sahpecu sólo es una parte del mundo, una parte pequeña, insignificante y, en ocasiones, algo patética. En el mundo hay culturas, civilizaciones, creencias, lenguas, pueblos, una Historia y una vida. Todo ello es lo que este espacio intenta recoger, difundiendo su conocimiento. Es un lugar siempre en desarrollo, por lo que, aunque ahora está incompleto, intentará llegar a recoger, por lo menos, una buena parte de la Realidad.
Pese a lo desagradable de entrar en consideraciones tan mundanas y humanas (y, por tanto, recelosas y astutas), es importante destacar que todo el material aquí presente está sujeto a derechos de autor, y más aún, ha sido maldecido según las prácticas de todo tipo de credos. De modo que cualquier despreciable que intente apropiarse de lo que aquí se presenta puede dar por hecho que la burocracia o, en su defecto, algún espíritu, fuerza oculta, divinidad o ente, caerá sobre él, preferiblemente con consecuencias desagradables. No es descabellado desear que esas consecuencias incluyan huesos rotos, tendones saltarines y órganos resecos.
Ahora, más allá de estas líneas, el conocimiento aguarda: es gratuito, pero tiene un precio. El saber pesa, pero también ayuda a llevar cualquier carga. Que pueda volar por las mentes.